No rendirse

 

Hace años, en una deprimida zona minera del norte de España, vi una larga hilera de edificios baratos y mezquinamente feos, renegridos por la humedad y aplastados bajo la tristeza de un cielo color plomo. En mitad de ese murallón sombrío había una ventana, solo una, igual de pequeña que las demás, pero llena de tiestos. Y el verdor de esas hojas iluminaba el mundo. Quién vivirá ahí, pensé con admiración. Quienquiera que fuese, no se había rendido.

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¿Qué hace que, ante una misma circunstancia difícil (pobreza, enfermedad…), algunas personas sean capaces de salir adelante y otras no? Desde luego, lo primero que hace falta es tener suerte. Pero también hace falta no rendirse, y para ello la belleza es una ayuda. Cateura es un mísero pueblo de Paraguay enclavado junto a un inmenso basural. El profesor Fabio Chavez estaba intentando enseñar música a los chavales para sacarlos de la calle, pero no tenían instrumentos.

Revolviendo entre los montes de mugre, un día apareció un estuche vacío de violín y eso les dio la idea: se convirtieron en luthiers de los desperdicios. Por ejemplo, hacen violonchelos con latas de aceite y cucharas viejas como clavijas. Han creado toda una orquesta, la Orquesta de los Instrumentos Reciclados. Hay un vídeo increíble que cuenta todo esto. También en España hay algo parecido; el cantautor Rafa Sánchez montó hace dos años el proyecto Fábrica de Canciones, para que personas sin hogar compusieran temas contando su propia historia. El disco, titulado Ni genios ni artistas e interpretado por Pedro Guerra y otros, acaba de salir a la venta.

Como explica uno de los participantes en otro vídeo conmovedor, volver a “tener música en el corazón” le cambió la vida. Un pequeño brote verde de belleza para seguir andando.